
Afuera, la lluvia de una tarde de marzo golpea con fuerza las ventanas de la agencia en Bucaramanga. El olor a café recién hecho —ese tinto que nunca se acaba en esta oficina de 60 personas— inunda el pasillo mientras veo a una de nuestras diseñadoras sentada frente a mí. Tiene los ojos vidriosos. Mañana es su evaluación de desempeño y, a pesar de ser una de las mentes más brillantes del equipo, está paralizada. "Siento que no tengo nada que decir, Natalia", me susurró hace un rato. "Solo sé que trabajé duro, pero no sé cómo explicarlo sin sonar como que me estoy quejando o pidiendo permiso por existir".
Antes de seguir, una pequeña nota de transparencia: este Diario del Mentor se mantiene en parte gracias a vínculos afiliados con Hotmart. Si terminas inscribiéndote en algún programa a través de mis enlaces, yo gano una comisión del 36% sin que a ti te cueste un peso más. Solo menciono herramientas que yo misma estoy revisando —como el material de NCL que tengo abierto en otra pestaña— para tratar de entender este caos que es la gestión humana. Pero ojo: nada de lo que escribo acá reemplaza la guía de un terapeuta, un coach certificado o una charla honesta con tu jefa directa. Soy solo yo y mi cuaderno verde intentando descifrar el mundo.
Abrí mi cuaderno —el de tapa dura que ya se siente gastado en los bordes— y busqué las notas que tomé a finales de noviembre. El roce de mis dedos contra la tapa rugosa del cuaderno verde mientras busco la página donde anoté los fallos de la semana pasada siempre me calma. Me di cuenta de que el problema de mi compañera no es su rendimiento. Es que no tiene una estructura para defender sus logros. En una agencia digital que crece tan rápido, si no hablas por tu trabajo, el trabajo se vuelve invisible. Me pregunto si algún día se darán cuenta de que no tengo un título de coach, sino solo un cuaderno lleno de sus propias verdades.
El error de basarse únicamente en el 'esfuerzo'
Muchos llegamos a la evaluación de desempeño pensando que 'trabajar mucho' es un argumento. Durante las primeras semanas de enero, vi a varios colegas salir de sus revisiones con cara de derrota porque, aunque habían hecho horas extra, no lograron que eso se tradujera en un aumento o una promoción. El esfuerzo es subjetivo; los resultados no lo son. En Colombia, por ejemplo, el período de prueba legal máximo es de 2 meses, y desde ese momento ya deberíamos estar recolectando pruebas de lo que aportamos.
Lo que le dije a la diseñadora fue simple: deja de hablar de lo cansada que estás y empieza a hablar de los problemas que resolviste. Si lograste que un cliente difícil no se fuera de la agencia, eso es un argumento sólido. Si redujiste el tiempo de entrega de un prototipo, eso es un argumento. A veces, nos perdemos en la emocionalidad de la oficina y olvidamos que, al final del día, esto es un intercambio de valor. Para navegar estas aguas, me ha servido mucho revisar el contenido de la Academia de Liderazgo basado en la NCL. Es un material denso, no te voy a mentir, pero está ordenado en módulos que puedes digerir poco a poco.
Lo que me gusta de ese enfoque es que te enseña a usar la Neuro-Comunicación Lingüística para estructurar lo que dices. No se trata de manipular, sino de entender cómo el cerebro de tu jefe procesa la información. Si llegas con datos fríos pero sin una narrativa, lo aburres. Si llegas solo con historias pero sin datos, le generas desconfianza. El equilibrio está en la evidencia estructurada.
La honestidad estratégica: por qué mencionar tus errores te da poder
Aquí es donde mi cuaderno verde se pone interesante. Tengo una entrada de hace apenas un par de semanas sobre un error que cometí en People Ops. Olvidé enviar un correo importante de integración para un nuevo ingreso. En lugar de esconderlo, lo usé en mi propia charla de seguimiento. Y aquí va mi opinión que quizás no leas en manuales genéricos: no prepares tu autoevaluación basándote solo en tus logros. Resaltar tus éxitos sin mencionar tus errores estratégicos debilita tu credibilidad y tu percepción de autoconciencia.
Cuando admites un error —uno real, no esa tontería de "soy demasiado perfeccionista"— y muestras qué aprendiste de él, le quitas el arma a la otra persona. Ya no te pueden "atrapar". Tú ya lo viste, lo analizaste y lo corregiste. Eso demuestra un nivel de madurez que la mayoría de la gente no tiene. En entornos creativos, donde a veces sufrimos para superar el síndrome del impostor, ser dueño de tus fallos es el mayor acto de liderazgo personal que existe.
En el material de la Academia de Liderazgo, hay una parte que habla de cómo el lenguaje estructura nuestra realidad. Si dices "cometí un error porque soy mala en esto", te estás sentenciando. Si dices "identifiqué una falla en el proceso X que causó el retraso Y, y ya implementé este cambio para que no vuelva a pasar", estás liderando. Esa diferencia de matiz es lo que separa a alguien que pide permiso de alguien que propone dirección.
Cómo construir tus argumentos sin sonar arrogante
A veces me escriben por Slack preguntándome cómo hablar de dinero o de cargos sin que parezca que solo te importa eso. Mi respuesta siempre es la misma: vincula tus metas personales con las metas de la agencia. Si somos 60 empleados, cada uno tiene que mover la aguja de alguna manera. Si no sabes cómo tu trabajo ayuda a que la agencia gane dinero o ahorre tiempo, tienes un problema de visibilidad que ninguna técnica de comunicación va a resolver.
- Usa el método de la evidencia: No digas "mejoré la relación con el cliente". Di "desde que asumí la cuenta, el volumen de tickets de queja bajó un 20%".
- Habla de futuro, no solo de pasado: La evaluación no es solo una autopsia de lo que pasó; es un plan de vuelo. ¿Qué vas a hacer los próximos seis meses?
- Sé asertiva con el 'no': Si te están pidiendo cosas que no te corresponden, aprende formas de decir que no al jefe con profesionalismo, usando datos de tu carga actual como escudo.
Me ha pasado que, al revisar los módulos de la academia, me doy cuenta de que yo misma fallaba en esto. A veces me daba miedo ser demasiado directa. Pero el liderazgo neuroconsciente —o como quieran llamarlo— me ha enseñado que la claridad es una forma de respeto. Si no eres clara con lo que has logrado, le estás pidiendo a tu jefe que adivine, y los jefes suelen estar demasiado ocupados para jugar a las adivinanzas.
Cerrando el cuaderno por hoy
La diseñadora se fue un poco más tranquila. Mañana veremos cómo le va. Yo me quedo acá, cerrando el último ticket de la semana, pensando en que estas conversaciones en los pasillos de Bucaramanga son las que realmente me están enseñando qué significa trabajar con personas. A veces me siento estancada —como nos pasa a todos— y tengo que releer mis propias notas para recordar que el crecimiento no es una línea recta. Si tú también sientes eso, quizás te sirva leer sobre cómo superar el sentimiento de estar estancado antes de tu próxima evaluación.
Al final, afrontar una evaluación de desempeño con argumentos sólidos no se trata de ganar una pelea. Se trata de tener una conversación de adultos sobre el valor que aportas al mundo. Si sientes que te faltan herramientas para estructurar ese mensaje, dale una mirada a la Academia de Liderazgo basado en la NCL. Sí, cuesta cerca de 800 USD y sé que en pesos colombianos eso duele, pero si te ayuda a conseguir ese aumento o esa posición que llevas meses persiguiendo, se paga sola. No es una solución mágica, es material para estudiar y aplicar con paciencia, como quien llena un cuaderno verde, página tras página.
Me voy a casa. La lluvia ya paró y el aire de la ciudad se siente fresco. Mañana será otro día de escuchar, anotar y tratar de no perderme en el proceso. Si tienes una evaluación pronto, respira hondo. Tienes los datos, tienes la honestidad y, ahora, espero que también tengas un poco más de estructura.