Diario del Mentor

Cómo dar feedback constructivo a un colega sin arruinar la relación

2026.06.23
Cómo dar feedback constructivo a un colega sin arruinar la relación — cuaderno de mentoring accidental en una agencia de Bucaramanga

¿Qué pesa más en una conversación difícil: la frase que se te escapa demasiado rápido, o la que te tragás durante semanas hasta que se pudre? No tengo una respuesta única para eso, llevo un cuaderno verde lleno de las dos versiones y todavía las sigo comparando, entrada por entrada.

Antes de seguir: esta entrada tiene enlaces de afiliado — si te terminás inscribiendo en algo a través de ellos, yo recibo una comisión y vos pagás exactamente lo mismo que pagarías igual. Solo menciono materiales que yo misma estoy revisando mientras trato de entender este rol de mentora que nadie me asignó.

Nadie me nombró mentora. Empezaron a buscarme uno por uno — primero alguien de diseño, después alguien de cuentas — y ese liderazgo accidental que nunca pedí terminó ocupando más espacio en mi cabeza que mi propio puesto de People Ops. Somos una agencia de unas 60 personas, ni tan chica para que nos conozcamos todos ni tan grande para perdernos en el organigrama, y ese tipo de mentoring casi siempre pasa en los espacios que sobran, acá en Colombia como en cualquier oficina parecida: un café, un mensaje fuera de horario, cinco minutos antes de que empiece una reunión.

Dos entradas del cuaderno, separadas por poco tiempo, muestran cómo un mismo intento de dar feedback constructivo puede salir bien o salir mal según el momento exacto en que llega: la de Felipe, el diseñador que me invitó a café por primera vez hace tiempo, y la de Diego, alguien del equipo de cuentas que me contó algo que yo todavía no sabía cómo nombrar. Compararlas me enseñó más que cualquier módulo suelto de un curso.

Cinco minutos que arruinan un feedback constructivo

Felipe llevaba varios minutos hablando de un cliente que lo hacía sentir invisible en las llamadas, y yo, con la mejor intención, le corté la frase a la mitad para darle un par de sugerencias concretas. Fue un error de manual: le di consejos antes de que terminara de contarme lo que realmente le pasaba, todavía en los primeros cinco minutos de café, cuando ni siquiera había llegado a la parte que le dolía. Se quedó callado un segundo y cambió de tema — empezó a hablarme de un partido de fútbol que ni le importaba — y ahí entendí que lo había perdido. No es que mi consejo estuviera mal. Es que llegó antes de que él terminara de necesitarlo.

Lo peor es que ni siquiera fue la primera vez que pasaba algo parecido. En ese momento pensé que el problema era la técnica — que me faltaba un guion mejor, una fórmula más pulida para decir las cosas. El problema real era el momento: estaba resolviendo algo que Felipe todavía no había terminado de plantear.

Manos sosteniendo un cuaderno verde donde Natalia anota conversaciones de feedback constructivo y liderazgo accidental

Dejé el teléfono quieto y algo cambió

Con Diego fue distinto. Me estaba contando que por fin le habían confirmado el ascenso que llevaba tiempo esperando, y en algún momento noté que mi teléfono seguía bocabajo sobre la mesa, sin que lo hubiera tocado ni una vez desde que nos sentamos. Casi no hablé durante los primeros minutos — solo preguntas cortas para que siguiera él — y cuando finalmente dije algo, no fue un consejo sino una pregunta: qué era lo que más le pesaba de ese cambio. Ahí la conversación se quebró un poco, de una manera buena, porque me contó la parte que en realidad le costaba, la que no tenía que ver con el título nuevo sino con dejar de ser el que resuelve los problemas técnicos del equipo.

Lo que hice con Diego tiene nombre técnico — escucha activa — aunque en el momento no lo pensé así; solo sentí que interrumpir hubiera sido más fácil para mí que para él.

¿Aconsejar rápido o escuchar hasta el final?

Puestas una al lado de la otra, las dos conversaciones muestran el mismo mecanismo funcionando en direcciones opuestas. Cuando alguien todavía está procesando algo, la mente prioriza sentirse escuchada por encima de recibir una solución — por algo la neurociencia describe la crítica social como una señal que el cerebro trata casi como una amenaza física, no como información neutral. Interrumpir con un consejo, aunque sea acertado, activa esa alarma antes de que la persona termine de bajar la guardia.

No hay una certificación detrás de esto — soy simplemente la persona a la que empezaron a buscar sin que yo lo pidiera, y sigo aprendiendo el oficio entre un ticket y otro, ahora revisando la Academia de Liderazgo basado en la NCL, un material denso que me ha dado vocabulario para nombrar patrones que ya intuía sin saber cómo llamarlos.

Mi amiga Lina, que trabaja en una ONG y mira el mundo corporativo con cierta distancia, me contó una vez que en su organización las discusiones difíciles son más directas porque hay menos capas de jerarquía protegiendo egos. No tengo forma de comparar del todo nuestras culturas organizacionales, pero sospecho que tiene razón en algo: entre más gente hay que gestionar hacia arriba, más se disfraza la comunicación asertiva de diplomacia innecesaria.

Bolígrafo sobre notas manuscritas de comunicación asertiva durante una conversación difícil en el trabajo

Cómo separar el hecho de la persona

Con Felipe, la segunda vez que hablamos, cambié el orden: primero le pregunté qué esperaba de esa charla, no qué pensaba yo, y recién después, cuando dijo que quería mi opinión, se la di. La diferencia no estuvo en el contenido del consejo — fue casi el mismo que la primera vez — sino en que esta vez el hecho llegó separado de un juicio sobre él como persona. Decir "noté que el archivo llegó sin las capas nombradas" aterriza distinto que decir "sos desordenado", aunque las dos frases señalen lo mismo.

Poner un límite sin dar un portazo tiene mucho que ver con esto — es algo de lo que ya escribí hablando de formas de decir que no al jefe sin perder el profesionalismo, y la lógica es la misma cuando el límite se lo pones a un par en lugar de a tu jefe.

Tampoco planeo estas conversaciones con agenda — aparecen entre un café que se enfría y el siguiente mensaje de Slack, sin estructura previa, y esa conversación sin agenda suele ser justo la que la otra persona necesitaba, aunque no sea la más cómoda de sostener. Con equipos remotos el desafío se multiplica, porque no ves la cara de nadie mientras habla, y ahí me sirvió leer sobre liderazgo neuroconsciente para gestionar equipos de trabajo remotos, aunque sigo prefiriendo la cámara encendida cuando puedo elegir.

No todas las conversaciones de café terminan en algo que se resuelve rápido. A veces es sobre alguien que se quedó esperando un ascenso que no llegó, y ese duelo particular tiene su propio ritmo — uno que no cabe en un consejo de cinco minutos. Volví a la Academia de Liderazgo basado en la NCL más de una vez buscando cómo nombrar justamente eso, aunque no siempre encontré la respuesta ahí: tiene críticas legítimas dentro de la psicología académica, así que la uso con cautela, no como verdad revelada.

Elijo un camino distinto según lo que veo en la otra persona

Miro una señal simple antes de decidir si hablo rápido o me quedo callada: si la persona ya terminó su idea y solo necesita que alguien confirme lo que sospecha, hablo — ahí el consejo aterriza. Si todavía está armando la frase, aunque haga silencios largos e incómodos que dan ganas de llenar con una sugerencia, prefiero quedarme callada un rato más. Felipe necesitaba lo segundo la primera vez que hablamos y no se lo di; Diego lo tuvo desde el primer minuto, sin que yo tuviera que decidir nada, porque ahí el silencio se sintió natural.

Ninguna de las dos conversaciones terminó con una lista de pasos ni con un cierre perfecto. Felipe y yo seguimos ajustando cómo hablarnos, y Diego todavía no sabe con certeza si el ascenso viene con las condiciones que esperaba. Eso también es parte del trabajo en una agencia colombiana: sentarse con alguien en Bucaramanga un rato, sin garantía de que el consejo o el silencio resuelvan nada del todo, y volver al cuaderno verde a anotar lo que sí funcionó, aunque sea una sola frase.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.