Diario del Mentor

Por qué inscribirse en una academia de liderazgo para mejorar tu carrera

2026.06.12
Por qué inscribirse en una academia de liderazgo para mejorar tu carrera

Eran pasadas las cinco de la tarde cuando el último mensaje de Slack dejó de parpadear y el silencio, ese que solo queda en la oficina de Bucaramanga cuando la mitad del equipo ya se fue a casa, empezó a sentirse de verdad. Me quedé un momento ahí, con el roce de la palma de mi mano contra la tapa de cuero sintético de mi cuaderno verde mientras esperaba que terminara de bajar el último tinto del día. El cuaderno ya tiene las esquinas peladas y las hojas tan llenas que a veces me cuesta encontrar un espacio en blanco para anotar lo que acaba de pasar.

Esta mañana, un compañero del equipo de diseño se acercó a mi escritorio con esa misma mirada de duda que he visto tantas veces en estos dos años. Es la mirada de alguien que sabe hacer su trabajo, pero no sabe qué hacer con la gente. Y yo, que llevo cinco años en esta agencia —desde que entré como asistente cuando apenas tenía veintiséis—, me di cuenta de que mi buena voluntad y mis anotaciones improvisadas ya no eran suficientes. Ser la People Ops specialist de una agencia de 60 personas implica que, a mis 31 años, ya no puedo simplemente 'escuchar' y esperar que el instinto me dé las respuestas correctas.

Nota antes de seguir: este rincón, mi Diario del Mentor, se mantiene gracias a vínculos afiliados con Hotmart. Si alguna de ustedes termina inscribiéndose en un programa a través de los enlaces que dejo por acá, yo gano una comisión sin que el precio les cambie ni un peso. Solo menciono material que yo misma estoy revisando o que ya pasé por el filtro de mi cuaderno verde. Eso sí, nada de lo que cuento acá reemplaza a un terapeuta, a un coach con credenciales o a una charla seria con su líder. Soy alguien que aprende mientras hace, igual que ustedes.

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Cuando el instinto de mentoría se queda corto

A finales del año pasado, en una mañana lluviosa de octubre, sentí por primera vez ese miedo sutil de que alguien se diera cuenta de que estoy guiando a otros sin tener un manual oficial bajo el brazo. Me sentía un poco como una impostora. Mis compañeros venían a preguntarme cómo manejar un roce con un cliente o qué hacer cuando no te dan el ascenso que esperabas, y yo les daba consejos basados en lo que me dictaba el corazón y mis cinco años viendo cómo se mueve esta agencia digital. Pero, ¿y si me equivocaba? ¿Y si mi consejo terminaba empeorando una relación laboral?

Manos trabajando en una plataforma de aprendizaje digital junto a un cuaderno de notas personal.

Entendí que el liderazgo, o al menos este tipo de mentoría accidental que me cayó encima, necesitaba una estructura. No quería ser una 'jefa' de manual, de esas que repiten frases motivacionales vacías de LinkedIn. Quería entender qué pasa en la cabeza de alguien cuando el estrés de una entrega lo bloquea. Fue así como llegué a la Academia de Liderazgo basado en la NCL. Me llamó la atención porque no hablaba de 'ser un león' o 'dominar el mercado', sino de neurocognición aplicada al liderazgo (NCL), algo que suena muy técnico pero que en el fondo explica por qué reaccionamos como reaccionamos bajo presión.

Inscribirme no fue una decisión de un segundo. El programa cuesta cerca de 800 dólares, lo que para cualquiera de nosotros en Latinoamérica es una inversión que se piensa dos veces. Pero después de ver cómo el cuaderno verde se llenaba de situaciones que yo no sabía cómo desenredar, decidí que era el momento de pasar de la intuición a la técnica.

Aprender a liderar entre tazas de café y reportes de Hotmart

Lo que más me gustó de empezar este proceso fue la flexibilidad. En una agencia de 60 personas, donde la mitad estamos en la oficina de Cabecera y la otra mitad remotos, el tiempo es un lujo que no tengo. La academia está alojada en Hotmart, lo que me permitió ir avanzando en los módulos a mi ritmo. Después de unas tres semanas de módulos, empecé a notar que ya no solo escuchaba a mis compañeros; empezaba a identificar patrones. El material es denso, no les voy a mentir, pero está ordenado en videos cortos que podía ver mientras almorzaba o justo antes de cerrar el computador.

El liderazgo neurocognitivo me enseñó, por ejemplo, cómo el estrés afecta la toma de decisiones en entornos como el nuestro, donde un cambio de última hora de un cliente puede arruinarle la semana a todo el equipo de desarrollo. Empecé a entender que mi rol en People Ops había evolucionado. Ya no era solo gestionar la nómina o los cumpleaños; era un coaching interno que necesitaba herramientas para gestionar la carga emocional del equipo. Si les interesa explorar esto más a fondo, hay temas geniales sobre el liderazgo neuroconsciente para gestionar equipos remotos que conectan mucho con lo que vemos en la academia.

Lo que me pareció más valioso es que la Academia de Liderazgo basado en la NCL te permite volver atrás. Muchas veces, después de una charla difícil el jueves por la tarde, regresaba a un video específico para entender qué parte del proceso mental de mi compañero no estaba funcionando. Es un marco práctico, aunque debo decir que, si buscan algo puramente académico o psicológico de nivel universitario, quizás esto les parezca más orientado a la ejecución corporativa. Para mí, que necesito soluciones para el lunes a las ocho de la mañana, eso fue un punto a favor.

Dos colegas conversando de forma honesta en una oficina de agencia digital moderna.

El peligro de los estereotipos y la búsqueda de la identidad

Aquí es donde mi cuaderno verde tiene un par de páginas subrayadas con fuerza. Creo que inscribirse en una academia de liderazgo puede, irónicamente, estancar tu carrera si lo haces por las razones equivocadas. Si entras esperando que te den un guion para actuar como 'el líder perfecto', vas a terminar siendo una caricatura. He visto a mucha gente intentar imitar estereotipos de jefes agresivos o excesivamente optimistas, y el equipo siempre lo nota. Se siente falso.

La verdadera utilidad de una formación formal, al menos como yo lo viví hace apenas un par de meses, es que te da las piezas del rompecabezas, pero tú decides cómo armarlo. No se trata de dejar de ser Natalia, la que se toma tres tintos y se preocupa por el perro de la diseñadora, para convertirme en una 'Manager 2.0'. Se trata de usar el conocimiento sobre cómo funciona el cerebro para ser una mejor Natalia. Por ejemplo, aprendí formas de decir que no al jefe con profesionalismo usando argumentos que el cerebro de un líder puede procesar sin ponerse a la defensiva. Eso no es actuar, es ser estratégica.

Tuve una prueba de fuego un jueves por la tarde. Una de las creativas no recibió la promoción que esperaba. En otro momento, yo solo le habría dado un abrazo y le habría dicho que 'todo pasa por algo'. Pero esta vez, apliqué un marco práctico que aprendí en la academia. Analizamos juntas su proceso de toma de decisiones y cómo el estrés del último trimestre había nublado su visibilidad ante la dirección. Fue una conversación difícil, pero por primera vez sentí que tenía una autoridad que no venía de mi cargo, sino de mi conocimiento. No estaba improvisando.

Reflexiones finales desde el cuaderno verde

Invertir en una academia de liderazgo no es solo por el certificado que puedes colgar en tu perfil (aunque no voy a negar que ayuda a que te tomen más en serio en las reuniones de gerencia). Es por la seguridad de saber que, cuando cierras la puerta de la oficina y alguien te dice 'Natalia, ¿tienes cinco minutos?', tienes algo real que ofrecerle. Mi cuaderno verde ahora tiene un método. Sigo anotando las conversaciones, pero ahora las acompaño de notas técnicas sobre regulación emocional y sesgos cognitivos.

Si sientes que estás en ese punto donde tu carrera pide un salto, pero no sabes si es hacia arriba o hacia los lados, tal vez es momento de buscar una estructura. La Academia de Liderazgo basado en la NCL es una opción sólida si trabajas en entornos rápidos y digitales como el mío, donde necesitamos herramientas que funcionen bajo presión. Obviamente, no es la única vía, y siempre les diré que consulten con un profesional si sienten que el agotamiento o los problemas de equipo las superan. Yo no soy experta, solo soy alguien que decidió dejar de adivinar.

Al final del día, después de cinco años en este edificio, entiendo que liderar no es mandar. Es ser el puente. Y para construir puentes que no se caigan, hay que estudiar un poco de ingeniería, aunque sea la del comportamiento humano. Si quieres dar ese paso y sientes que el instinto ya te dio todo lo que podía, te recomiendo que le eches un ojo a la formación formal. Te da una calma que el café, por muy bueno que sea, no logra darte cuando las papas queman.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.