
Eran pasadas las cuatro de una tarde lluviosa de abril en Bucaramanga. El olor a café recién hecho se mezclaba con el sonido de los teclados mecánicos del equipo de desarrollo mientras yo esperaba que uno de los diseñadores terminara de desahogarse frente a mí, en la cocina de la agencia. Tenía los hombros caídos y la mirada fija en su pocillo. Me preguntaba, casi en un susurro, cómo decirle a su jefe que el cronograma que habían pactado era simplemente imposible de cumplir sin que él pareciera conflictivo o perezoso.
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Ese momento en la cocina no era nuevo. Llevo cinco años en esta agencia digital de unos 60 empleados y, aunque empecé como asistente, el liderazgo me encontró a mí mucho antes de que yo buscara un cargo que dijera 'Manager' en LinkedIn. Al llegar a mi apartamento en Cabecera esa noche, abrí mi cuaderno verde de tapa dura y me di cuenta de que no tengo un cartón de coach colgado en la pared ni estudié psicología en la Universidad Industrial de Santander. Siento un pequeño nudo en el estómago pensando si tengo derecho a dar consejos, pero el cuaderno no miente: la gente viene a buscarme porque necesitan un filtro, no un jefe.
El liderazgo como filtro de confianza
A menudo pensamos que liderar es sinónimo de mandar o de tener la última palabra en una reunión. Pero durante las últimas tres semanas, revisando mis anotaciones, entendí que el verdadero liderazgo sin cargo se construye siendo el filtro de confianza que reduce la fricción operativa del equipo. No se trata de visibilidad externa, se trata de ser la persona que hace que el trabajo de los demás sea menos pesado.
Cuando el diseñador me hablaba de su miedo al conflicto, yo no le di una cátedra de gestión de proyectos. Simplemente le recordé que su valor no estaba en decir 'sí' a todo, sino en proteger la calidad del producto final. Ese es un acto de liderazgo. No necesitas que te nombren director para empezar a cuidar los procesos o para aprender formas de decir que no al jefe sin perder el profesionalismo. El liderazgo informal es más potente que el jerárquico porque se basa en la confianza técnica y emocional, no en un organigrama que alguien dibujó en una diapositiva.
Desde finales del año pasado hasta mediados de este año, he estado tratando de ponerle orden a estas charlas de café. Me di cuenta de que mi intuición tenía un límite. Por eso, hace unos seis meses, decidí buscar una estructura más sólida y encontré la Academia de Liderazgo basado en la NCL. Me atrajo que sus módulos fuesen cortos; puedo ver uno mientras espero que se termine de filtrar el tinto de la mañana o después de cerrar el último ticket de soporte de la semana.
La estructura detrás de la intuición
Lo que he aprendido en este tiempo es que el liderazgo es una conversación constante, no un permiso que te otorga la empresa. En la academia mencionan marcos prácticos sobre el comportamiento humano que me han servido para entender por qué algunos de mis compañeros se bloquean ante la crítica. No es que no quieran mejorar, es que no saben cómo procesar la vulnerabilidad de ser corregidos.
He tenido varias mañanas de café seguidas con gente de operaciones que se siente atrapada. Lo que les digo, y lo que he reforzado con el material de NCL, es que pueden empezar a liderar desde su silla actual. ¿Cómo? Siendo quienes traen soluciones en lugar de solo problemas, o quienes ayudan a un compañero nuevo a entender la cultura de la agencia sin que RR.HH. se lo pida. El liderazgo basado en la NCL utiliza herramientas prácticas para gestionar equipos sin recurrir a la autoridad formal, algo vital en una agencia donde la mitad estamos en oficina y la otra mitad en remoto.
Claro, el programa tiene sus bemoles. Cuesta cerca de 800 USD, lo cual es un golpe fuerte para un bolsillo en Latinoamérica, y aunque la plataforma de Hotmart es muy estable, el contenido es denso. Además, hay que tomarlo con pinzas: la NCL tiene sus críticas en la psicología académica, por eso yo lo uso como un marco práctico de trabajo, no como una verdad absoluta. Para cosas profundas de salud mental, siempre diré que es mejor buscar a un profesional con licencia.
Cerrar el cuaderno para abrir la escucha
Ayer, mientras caminaba por el parque San Pío, pensaba en que mi cuaderno verde ya pasó sus primeras tapas. Cada entrada me recuerda que el liderazgo no es un destino, es un arc que uno va dibujando. No necesito que mi firma en los correos cambie para saber que estoy guiando a alguien. A veces, liderar es simplemente saber cómo manejar conversaciones difíciles con clientes exigentes para que tu equipo no se queme en el proceso.
Si sientes que tienes el oído de tus compañeros pero te falta la estructura para ayudarlos mejor, tal vez te sirva echarle un ojo a lo que yo estoy estudiando. La Academia de Liderazgo basado en la NCL me ha dado un lenguaje que antes no tenía para explicar cosas que yo sentía por puro instinto en People Ops. No te va a convertir en jefe de la noche a la mañana, pero te va a dar las herramientas para que, cuando el cargo llegue, ya lleves meses —o años— ejerciendo como tal.
Cierro el cuaderno por hoy. El viento que baja de la Mesa de los Santos ya refrescó la ciudad y es hora de dejar de pensar en el trabajo. Al final, liderar también es saber cuándo apagar la pantalla y simplemente ser Natalia, la que toma café y anota historias en un cuaderno verde.