Diario del Mentor

Cómo negociar un aumento de sueldo en agencias digitales con éxito

2026.08.27
Cómo negociar un aumento de sueldo en agencias digitales: mujer revisando notas de negociación salarial

Juliana empieza la frase, se detiene a la mitad, la corrige, y vuelve a arrancar: quiere pedir un aumento de sueldo pero no sabe si lo que va a decir suena a exigencia o a súplica. Lleva tres años como account manager en la agencia digital donde trabajo, y aunque nadie me puso nunca el cargo de recursos humanos, soy la persona a la que terminan buscando cuando el tema es plata y jefe en la misma frase. Le digo lo mismo que le he dicho a media agencia en lo que va del año: negociar un aumento no es un favor que se pide, es una conversación sobre desarrollo profesional que tiene números de por medio.

La confusión entre necesidad y valor en la negociación salarial

El error que más veo repetirse, y no solo en Juliana, es pensar que pedir un aumento tiene que ver con lo mucho que uno lo necesita. El arriendo subió, hay un gasto médico, quieren volver a estudiar: motivos reales, humanos, pero que no le dicen nada al dueño de una agencia sobre por qué debería pagar más por tu trabajo. La necesidad es tuya. El valor es lo que el negocio puede medir, y mientras no separes esas dos cosas vas a entrar a esa conversación pidiendo permiso en lugar de mostrar resultados.

Ahí es donde entra la palabra que más repito en estas charlas: impacto medible. No se trata de decir 'trabajo mucho' sino de mostrar en qué se nota lo que hiciste — si una campaña retuvo a un cliente que estaba por irse, si un proceso que antes se comía media semana ahora deja tiempo para otra cuenta. Eso es lo que un jefe puede llevar a una conversación de presupuesto. Un sentimiento, por válido que sea, no entra en esa cuenta.

Colombia lleva un tiempo moviéndose hacia cambios en la jornada laboral, y aunque no soy la persona indicada para explicar el detalle legal de eso — para eso hace falta un abogado laboral, no un cuaderno verde — sí he notado que cambia la conversación: quien demuestra que hace lo mismo o más en menos tiempo llega a la mesa con un argumento más sólido que quien solo dice que necesita el aumento.

Primer plano de manos escribiendo en un cuaderno verde con notas sobre negociación salarial y desarrollo profesional en agencias digitales

Las mujeres son quienes más preguntan esto

Algo que anoto seguido en el cuaderno verde es que casi siempre son mujeres las que llegan primero a preguntarme esto, aunque en la agencia la proporción de hombres y mujeres es pareja. No sé si es porque a nosotras nos enseñaron a pedir permiso antes que a pedir plata, o porque el liderazgo femenino en agencias digitales todavía se construye probando en voz baja antes de hablar fuerte en una sala. Lo que sí veo es que cuando una compañera prepara su caso con números en vez de con razones personales, la conversación cambia de tono casi de inmediato — deja de sonar a favor y empieza a sonar a negocio.

Esa vocecita del síndrome del impostor no desaparece solo porque uno empieza a dar consejos. A mí también me visita cuando hablo de plata sin ser economista, y sospecho que a Juliana le pasa algo parecido cuando cree que no tiene argumentos suficientes para sentarse con el director financiero.

Antes intentaba resolver esto mandando artículos de LinkedIn con un 'esto te puede ayudar' pegado arriba, pensando que la información sola iba a cambiar algo. Casi nunca funcionó: la gente los guardaba para después, y ese después no llegaba, porque lo que necesitaban no era leer sobre negociación sino practicar la frase en voz alta antes de decirla frente a alguien con poder de decidir su sueldo.

Con Juliana no empecé dándole una respuesta. La dejé terminar, aunque le tomara tres intentos armar la frase completa, y después le hice una pregunta que no tiene salida fácil: qué haría si la respuesta del jefe fuera un no. No para asustarla, sino porque casi nadie llega a esa conversación habiendo pensado qué sigue después del no.

El momento importa más que la fecha en el calendario

La mayoría espera a la evaluación de marzo, cuando todo el mundo pide lo mismo y el presupuesto ya se repartió en una reunión a la que ninguno de nosotros fue invitado. Lo que mejor he visto funcionar es pedir justo después de un cierre fuerte, cuando el valor de lo que hiciste todavía está fresco para quien decide, no tres meses después cuando ya lo dan por descontado.

Si la respuesta es un no, la conversación no tiene que cerrarse ahí — se cierra mal solo si uno da un portazo o se queda callado tragándose la rabia. Le dije a Juliana que preguntara qué tendría que pasar en los próximos meses para que ese aumento sí fuera posible, y que dejara que el jefe pusiera la hoja de ruta sobre la mesa.

A veces el estancamiento no tiene que ver con la plata sino con otra cosa completamente distinta, y ya escribí sobre cómo superar el sentimiento de estar estancado en el trabajo tras años en otra entrada. Lo que sí puedo decir aquí es que no conseguir un aumento y no conseguir un ascenso duelen distinto: el segundo carga con un golpe al ego que el dinero, aunque ayude, no siempre arregla.

Bolígrafo y cuaderno verde con anotaciones sobre cómo pedir un aumento de sueldo en una agencia digital

Además, con Juliana hay una capa extra: en unos meses probablemente tenga gente a cargo, y ahí entra otro tema que no cabe en esta entrada, el de cómo liderar equipos creativos para crecer profesionalmente en agencias, y el de aprender a soltarle tareas al equipo sin perder el hilo de cada cuenta. Por ahora, la confianza que necesita para pedir su aumento no le va a aparecer de un día para otro; se arma charla tras charla, cada vez que practica decir el número en voz alta sin que le tiemble.

Volví a mis notas de hace tres semanas buscando otra cosa y me encontré con una línea sobre Juliana: que por fin se daba un segundo de silencio antes de responderle a un cliente que la presionaba, en lugar de contestar lo primero que se le venía a la cabeza. Ese segundo de pausa es justo lo que le va a servir cuando el jefe le diga que no, o que tal vez, o que hablemos después.

Una amiga mía sale de caminata todos los domingos por la Mesa de los Santos con un grupo que arma por WhatsApp, sin faltar casi nunca, y a veces pienso que negociar un sueldo debería sentirse tan simple como decidir a qué hora se sale un domingo. No lo es. Pero ayuda recordar que también es una rutina que se entrena, no un examen que se pasa o se pierde una sola vez.

Cuando terminamos de hablar, la luz del techo ya se había puesto de ese amarillo más cálido que agarra cuando la oficina se vacía y solo quedan dos o tres personas cerrando el día. Juliana se fue sin haber decidido todavía qué le va a decir al jefe, y yo me quedé pensando que tal vez ese es justo el punto: no llegar con el discurso armado, sino con los números listos y la calma suficiente para escuchar lo que responda.

La próxima vez que alguien se siente frente a mí sin saber por dónde empezar, ya sé cuál va a ser mi primera pregunta: no cuánto necesita el aumento, sino cuánto vale lo que ya está haciendo. Sigo sin título de coach ni de nada parecido para decir esto con tanta seguridad, y aun así es lo que más repito, entrada tras entrada del cuaderno verde.

Hay quienes prefieren algo más estructurado que una charla y un cuaderno, y para esos está la entrada sobre por qué inscribirse en una academia de liderazgo para mejorar tu carrera. Yo, por ahora, cierro esta entrada sabiendo que mañana alguien más se va a sentar frente a mí pensando que pedir lo que vale es un favor, y otra vez voy a tener que explicarle que no lo es.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.