Diario del Mentor

Cómo hacer mentoría entre pares para fortalecer el equipo de trabajo

2026.07.07
Mentoría entre pares y liderazgo colaborativo: dos colegas de agencia conversando de camino a la oficina

Valentina me alcanza en la esquina, antes de cruzar hacia la agencia, y suelta un «gracias por lo de la otra vez» que no alcanzo a ubicar del todo; con ella he tenido dos o tres charlas cortas, ninguna agendada, ninguna con nombre de reunión en el calendario. Sigue caminando, y yo me quedo pensando que esto que hacemos entre colegas, sin que nadie lo pida ni lo mida, es una forma de mentoría entre pares que sostiene más de lo que parece. No es un programa de liderazgo colaborativo bajado desde arriba ni una iniciativa con logo propio: es gestión del talento que ocurre en los espacios que no aparecen en ningún organigrama, y que termina moldeando la cultura de agencia más que cualquier taller de un viernes por la tarde.

Lo que separa una mentoría entre pares real de una charla bonita sobre el café es más simple de identificar de lo que parece, aunque cueste montarlo: la conversación tiene que salir de un problema concreto que la otra persona está viviendo, no de una agenda genérica de "hablemos de desarrollo profesional". Si alguien llega con una situación puntual — un cliente difícil, un jefe que no contesta, un ascenso que no llegó — y se va con algo específico para probar, eso es mentoría. Si se va con una frase bonita y nada que hacer con ella, fue solamente una charla agradable.

Lo que hace que una charla entre colegas funcione como mentoría

Primero, la persona nombra un problema puntual — no una inquietud vaga sobre "crecer profesionalmente" sino algo con nombre propio: cómo dar feedback constructivo a un colega sin arruinar la relación, por ejemplo, o cómo repartir la energía en una semana con demasiadas entregas. Segundo, la conversación termina con algo para probar, no con una frase de aliento. Tercero — y este es el que más cuesta notar — quien pregunta vuelve, en otro momento, por otro tema, porque algo de la primera charla le sirvió de verdad. La mentoría entre pares, en la práctica, no se parece tanto a la versión formal del término: es más parecida a que alguien te busque de nuevo sin que tengas que recordarle que existes.

Los mentores que ya existen en tu equipo, sin título

Antes de diseñar nada, vale la pena mirar quién ya cumple ese papel sin que nadie se lo haya puesto en la descripción del cargo. En casi cualquier equipo hay alguien a quien los demás buscan primero — no por jerarquía, sino porque ya demostró que escucha antes de opinar. No hace falta un cargo directivo para ejercer esa clase de liderazgo colaborativo: alcanza con que la gente confíe en que lo que cuenta no se va a usar en su contra ni va a terminar resumido en una evaluación de desempeño. Lo anoto, cuando pasa, en el cuaderno verde que se queda sobre el escritorio junto al monitor donde la barra de notificaciones nunca deja de moverse — no como diagnóstico de nadie, sino como patrón que se repite entre personas distintas.

Cuaderno verde de mentoría entre pares con notas sobre gestión del talento y manos escribiendo con luz cálida de atardecer

Cómo estructurar la conversación sin que parezca un formulario

La estructura, si se le puede llamar así, es más una secuencia de hábitos que un guion fijo. Primero escuchar completo, sin empezar a armar la respuesta a mitad de frase — eso es, aunque nadie lo llame así en el momento, practicar lo que en escucha activa se describe con más formalidad de la que uno usa en la vida real. Después, en vez de repetir una fórmula de coaching, hacer preguntas que muevan a la persona hacia su propia respuesta: qué ya intentó, qué le preocupa realmente de intentar lo otro. Y hay una diferencia clave frente a una reunión con cliente: esta conversación no necesita agenda ni minuta — entre menos se le parezca a eso, mejor funciona.

Lo que no funciona: comparar para consolar

Probé, más de una vez, contextualizar la situación de alguien comparándola con la de otro compañero — "a alguien más le pasó algo parecido y así lo resolvió" — pensando que eso iba a aliviar la sensación de estar solo en el problema. Casi siempre logró lo contrario: la persona sentía que le estaba restando peso a lo suyo, que la estaba metiendo en una categoría en vez de escucharla a ella específicamente. Dejé de hacerlo así. Ahora, si alguien más vivió algo similar, lo menciono solo si la otra persona pregunta primero, nunca como recurso automático para tranquilizar.

Los límites que conviene marcar desde la primera conversación

Hay un límite que hay que aprender a poner temprano, y no tiene que sonar a portazo: dejar claro que esto no reemplaza terapia ni asesoría profesional, y que si alguien está atravesando una crisis que va más allá de lo laboral, lo que corresponde es buscar a un profesional calificado, no seguir hablando conmigo entre reuniones. Ese límite se puede poner con la misma calidez con la que se sostiene la conversación: se trata de decir que no a un terreno que no es el propio, sin cerrar la puerta a lo que sí se puede ofrecer.

Héctor, que es amigo de toda la vida y no tiene nada que ver con oficinas, me pregunta cada tanto cómo van esos cafés, sin saber muy bien de qué se tratan — nos cruzamos los sábados en la cancha, en Floridablanca, cuando a ninguno le tocó otro plan. Esa pregunta, hecha por alguien completamente ajeno al mundo de la agencia, es la que más me ayuda a ver el patrón desde afuera: que esto no es terapia disfrazada ni un curso improvisado, es simplemente gente prestándose atención con cierto criterio.

Escritorio de cultura de agencia junto a la ventana al atardecer en Bucaramanga, escenario habitual de estas conversaciones de mentoría

Lo que cambia en la cultura de agencia cuando esto se vuelve costumbre

Cuando estas conversaciones dejan de ser una excepción y se vuelven parte del ritmo normal de la semana, algo se mueve en la manera en que el equipo se sostiene entre sí. La gente deja de guardarse el problema hasta que explota en una entrega, porque ya sabe a quién puede buscar antes de que eso pase. También ayuda pensar en lo físico: las estrategias para mantener el enfoque en oficinas de formato híbrido influyen en si esa charla ocurre caminando hacia la calle o solo por Slack, y no es lo mismo. Un mensaje resuelve una duda técnica; una caminata hasta la esquina resuelve algo distinto.

Fortalecer un equipo por esta vía no depende de un documento de cultura ni de una charla motivacional trimestral. Depende de que quien tiene algo que decir encuentre, casi siempre, a alguien dispuesto a escucharlo sin cobrar por eso una respuesta inmediata. De ahí sale, muchas veces, más de lo que aprendí escuchando a mis compañeros de trabajo: que ningún mentor de pasillo tiene todas las respuestas, pero entre varios sí alcanzan las suficientes para seguir.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.